¿Cuánto cuesta una página web profesional para una empresa?
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Puedes encontrar webs por unos cientos de euros y por decenas de miles, y las dos pueden ser un precio justo. La diferencia no está en las páginas, sino en qué tiene que conseguir esa web y cuánto trabajo hay detrás de que lo consiga.
Qué estás pagando en realidad
El diseño visual es la parte más visible y casi nunca la más cara. Lo que sube el precio es todo lo que no se ve: la estructura pensada para que Google la entienda, la velocidad de carga, que funcione igual en un móvil antiguo, la accesibilidad, y la lógica de captación de leads.
Una plantilla te da lo visual. Lo demás hay que construirlo, y es lo que determina si la web trae clientes o solo existe.
También pagas por el contenido. Escribir textos que expliquen tu servicio y respondan a lo que el cliente busca es un trabajo en sí mismo. Es lo que más se subestima en los presupuestos baratos, y lo que más impacto tiene.
Los tres tramos que existen
En el tramo bajo estás comprando presencia: una plantilla adaptada con tus textos y tus fotos. Es una opción razonable si solo necesitas que exista un sitio al que enviar a la gente y no esperas que capte clientes por sí sola.
En el tramo medio estás comprando captación: estructura pensada para posicionar, textos escritos para tu cliente, formularios que llegan a donde tienen que llegar y medición para saber qué funciona. Es donde encaja la mayoría de pymes.
En el tramo alto estás comprando un sistema: la web es la puerta de entrada a un CRM, unas automatizaciones y unos procesos conectados. Aquí ya no compras una web, compras la parte visible de una máquina de captación.
La pregunta correcta
"¿Cuánto cuesta?" es una pregunta incompleta. La útil es: "¿cuántos clientes necesito que traiga para que se pague?".
Si tu ticket medio son 2.000 € y una web de 4.000 € te trae dos clientes al año que antes no llegaban, se ha pagado el primer año y a partir de ahí es beneficio. Si tu ticket son 30 €, esa misma web necesita un volumen muy distinto y quizá la respuesta sea otra.
Ese cálculo cambia la conversación por completo, y es el que deberías exigir a cualquiera que te presupueste.
Señales de alarma en un presupuesto
Un precio cerrado sin haber preguntado a qué se dedica tu empresa ni quién es tu cliente. Es imposible presupuestar bien sin eso.
Que no se mencione quién es el dueño del dominio y del código. Si no eres tú, estás alquilando.
Que no aparezca el mantenimiento. Una web sin actualizar es un riesgo de seguridad a medio plazo, y ese coste existe aunque no esté en el presupuesto.
Y garantías de posicionamiento. Nadie puede garantizar una posición en Google, porque nadie controla el algoritmo ni lo que haga tu competencia. Se puede trabajar bien y aumentar mucho las probabilidades; prometer el primer puesto es una señal para salir corriendo.